A un matemático le recuerda un ocho, a un forense un riñón, a un geógrafo la isla de Madeira, pero la Enciclopedia Catalana se inclina por una imagen más arraigada a la tierra y lo define como una judía. Sus profundidades cenicientas han gestado misterios que fluyen a través de secretos afluentes subterráneos hasta empapar sus territorios ribereños y sus gentes. Voraces remolinos capaces de tragarte y escupirte en lejanos confines, estanques intermitentes, sedientos dragones legendarios y animales prehistóricos vivificados por el líquido elemento conforman el catálogo mitológico de los territorios que circundan el lago de Banyoles. Donde no llegaba la ciencia, emergía la fértil inventiva popular.
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